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sábado, 10 de noviembre de 2012

Publicar fantasía en España



Publicar fantasía en España

(Un artículo de la autora, derechos copyleft)


“La crisis” dicen todos. “Con la crisis nadie se arriesga. Con la crisis no vas a encontrar a nadie que te publique. Tendrás que recurrir a la coedición o bien autopublicar”. He oído eso en tantas ocasiones, de profesionales, de amateurs y de ajenos, que he perdido la cuenta de las veces que me lo han dicho.

Durante todo este largo recorrido de más de un año desde que empecé a intentar publicar “La Marca del Guerrero” he aprendido muchas cosas. La primera de ellas, que intentar publicar fantasía de forma tradicional en este país no es una aventura, es un reto desesperante que roza lo imposible. Pero no os equivoquéis, no se trata solo de la crisis. De hecho, no es la causa principal en la humilde opinión de una servidora que ya ha recorrido ese arduo camino.

En primer lugar, debéis saber que España no es un país en el que tradicionalmente triunfe la fantasía. Por su propia cultura y su condicionamiento social, la sociedad española no es una apasionada de este género. Es decir, que si es difícil publicar en España, y en cualquier sitio -y más con la crisis- siendo el libro de fantasía debes prepararte para una experiencia larga y agotadora. Eso explica por qué las coeditoriales están bien nutridas de maravillosos libros de fantasía y las grandes editoriales sacan obras a veces dudosamente buenas de otros géneros.

En segundo lugar, el mundo editorial está plagado de buitres. Me vais a perdonar la expresión, pero si hubierais pasado por lo que yo, lo entenderíais. Coeditoriales que en realidad hacen autoediciones, autoediciones que te venden como coediciones o incluso como edición tradicional, preventas, publicidades absurdas dentro de los libros, pagos minúsculos y cobros exorbitantes, ventas que no cubren ni la inversión… un autentico camino lleno de arenas movedizas esperando que caigan los incautos. Esta gente, que en ocasiones roza la estafa, está alimentada por aquellos que desean ver cumplido un sueño y que se ven coartados por las grandes editoriales, que es lo que paso a comentar en el siguiente párrafo.

En tercer lugar, las editoriales grandes (y no tan grandes) desechan las obras que se les envía, la mayoría de ellas (especialmente de fantasía y aún más las de autoría nacional) sin siquiera haberlas leído, o con un vistazo tan fugaz a las primeras páginas que es imposible que lleguen a ver el potencial de las novelas. Algunas, directamente, te informan de que a los autores noveles solo se les publica bajo formato de coedición. Esto lleva a que sólo los autores que tienen dinero para pagar los costes de una coedición, o los servicios que deben contratar los autopublicados, puedan alcanzar su meta. Y mejor no hablar de la nula publicidad.

Los rechazos de las grandes editoriales son tan automáticos como las aceptaciones de las coeditoriales que supuestamente hacen pasar a las novelas por una criba en el que se desechan las obras con menor calidad. Algún día os contaré un par de anécdotas que me ocurrieron y me hicieron comprender que esto era, al menos en gran parte de los casos, falso.

Por otro lado, muchos intentan meter la cabeza en el mundillo ganando premios. El problema es que la justicia a la hora de repartir los grandes premios es, digamos, dudosa, y los pequeños apenas dan renombre para alcanzar tus objetivos como escritor.

Así que… ¿Qué le queda a un escritor novel? Poco o nada. Y lo peor de todo es que no importa lo talentoso que el autor en cuestión sea, sino el dinero que tenga. Paraos un momento a pensar en las implicaciones de esa afirmación. A eso se ve reducido el mundo de la edición tradicional hoy en día.

Hay opciones, por supuesto. La autoedición es una de ellas, y nada despreciable, pero hay que cuidar aspectos como el de hacer un análisis ortotipográfico si quieres optar por este método. Lo cual cuesta un dinero, por supuesto. Pero publicando a través de internet puedes hacerte, con mucho esfuerzo, un huequecillo en el mundo literario, como hemos visto en algunos nuevos autores.

Por mi parte, mi técnica ha sido la del refrán: “Cuando un tonto emprende un camino, o se acaba el camino o revienta el tonto”. Afortunadamente, aunque he estado a punto de reventar en numerosas ocasiones, finalmente he llegado a la última etapa del camino.

Ha sido un esfuerzo colosal, un año de dedicación, mucho tiempo robado al sueño, muchas decepciones recibiendo negativas, mucha rabia al descubrir y eludir trampas, mucho aprendizaje en edición y marketing, mucho juego de politiqueo arriba y abajo, e incluso ampollas de recorrerse la feria del libro de Madrid durante siete horas bajo un sol abrasador, pero aquí estoy, al fin y al cabo, publicada mi obra por una editorial tradicional, tal como yo deseaba.

Agradezco a todos los que en su día me dieron apoyo y a los que siguen haciéndolo, también a todos los que me han hecho tropezar en el camino, por enseñarme tanto. Y a todos los que me lean, el mayor de mis agradecimientos, porque así mi agotado ánimo siente que todo ha merecido la pena.